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El llanto de Tim Burton

Updated: Oct 28, 2019



Será eso lo que espera? Comprobar cómo, al abrir mis ojos, me sumerjo en el silencio o, tal vez, me desmorono con gritos incontrolables, que llevarían a un claro diagnostico de locura incipiente? Y si me está vigilando, dónde tiene la guarida? En la puerta? A plena vista, para que pueda divisarlo a través de las tres franjas de cristal grumoso y “admirar“ en 2 milisegundos su contorno irregular? O es que no tiene guarida y está esperando a que mis sentidos capten de repente su sombra blanca, borrosa, que se lanza como un relámpago al pasillo que da a la entrada?

Y si vuelvo la mirada hacia el espejo del vestidor en el que se refleja la ventana y me topo con tres niños de sonrisa diabólica y ojos llenos de venas rojas, alfileres sangrientos que inyectaron sus globos oculares?


Slappy de Pesadillas encaja como un guante en mi imaginación: Pómulos carmesí, definidos por un contorno perfecto, cara pálida para crear contraste, ojos marcados por cicatrices profundas, todo bajo la forma de un muñeco obscuro y horripilante, algo baboso, con un mechón suelto que cubre ligeramente su frente y es, quizás, lo único que humaniza su figura.

No, no se me ha escapado la opción más evidente, en la que todos sitian mi cama en un intento táctico de sofocarme entre sus cuerpos difusos.


Si me vuelvo a la derecha, de cara a pared, no puedo proteger mi espalda, lo que quiere decir que no tendré escenario para la imaginación. No, no me puedo quedar mucho tiempo de cara a la pared; es demasiado arriesgado, porque no sería de extrañar que me viera de repente arrastrada por la parte inferior hacia...hm, por cierto, qué podrían hacer conmigo? No tienen dónde llevarme, excepto si hubiera entrado, en los últimos 5 minutos, en una especie de universo paralelo en que estuviera sólo yo, habiendo abandonando a los demás en su rutina: despertarse, tomarse el café, desayunar e irse a trabajar. Deberían reorientar su vida, en la que yo nunca hubiera existido. Pero esta es otra historia.

Volvamos. Estamos en el presente, en un mundo que ya conocemos. Seguramente quieren aterrorizarme y si lo que buscan es que me declaren loca, no dudo de que lo conseguirán. Entonces, por qué me tienen a fuego lento en la caldera de ansiedad? Por qué se transforman dentro de mí y me hostigan la mente con sangre abrasadora y presión en las sienes?


Dios mío, ya no aguanto más tengo que comprobar si lo que siento es verdad o no porque de lo contrario, no podré conciliar el sueño.

Ya está, prepárate, lo que seas, porque voy a abrir los ojos y volverme a la izquierda. En una fracción de segundo hice un análisis superficial, pero suficiente para poder quedarme dormida.

Puerta: comprobada

Espejo: comprobado

Y nadie encima de mi cabeza...buf, ni siquiera Edward Cullen, un muerto guapo de ojos vivos cuyas miradas hubiera aceptado a medianoche. De hecho, es el único que, por mí, puede aparecer cuando le apetezca.


Si juzgáramos por lo que acabo de contaros, cada día del año es el 31 de octubre para mí. Halloween es una fiesta que me gusta apuntar en el calendario, a pesar de que el truco o trato de los americanos no tiene lugar en Rumanía. Un así, me dejé influir por la alegría y emoción con las que muchos decoran sus casas, así como la destreza de los chicos de Art Attack que solían presentar distintas manualidades en Disney Junior ( murciélagos hechos con periódicos y cartón que acababan colgando de la lámpara del salón, soportes para notas en forma de vampiro o momia, cualquier cosa con savor a calabaza, y la lista sería interminable.


El disfrutar delante de la tele de una tarta de manzana y canela, enriquecida con una bola de helado de vainilla, acurrucada bajo la manta, en un ambiente perfumado por las velas y el chocolate con leche, se define como hygge. Hay que añadir una buena película, por supuesto.


Este año me he dejado dominar por la fiebre de las cintas típicas de Halloween. Las pelis de miedo no pegan nada con mi personalidad, no obstante, como la suntuosidad de Octubre ha sido representada magistralmente por Tim Barton, no me pude resistir. Pesadilla antes de Navidad (1993) es un Solo en Casa otoñal. Por eso, he procurado meterla en la caja de tradiciones de fiesta y actividades familiares, ya que resalta, con su carácter lúdico, tanto el lado lúgubre de Halloween, como también el encanto de los personajes, en cuya piel nos gustaría estar.


La película tiene su origen en el poema escrito por Tim Burton en 1982, cuando estaba trabajando como ilustrador en Disney. Durante 8 años el director volvió sobre su proyecto, y en 1990 acordó con los Estudios Walt Disney llevar a cabo la película, que resultó ser un éxito, tanto comercial, como para la crítica.


Os invito entrar en el fantástico mundo de Tim Burton, que ha invadido mi imaginación en innumerables ocasiones. Para estimular vuestro apetito para el buen cine, os dejo a continuación el poema de Burton de 1982.


Me acuerdo de mi primera lectura, en el instituto, en clase de inglés, cuando mi conocimiento acerca de la historia y la celebración de las fiestas de Estados Unidas estaba en fase de prólogo.


Era una tarde de otoño en la tierra de Halloween

y el aire todo lo helaba.

A la luz de la luna, un esqueleto

se sentó solo en la cima de la montaña.

Él era alto y delgado, con un murciélago de corbata,

Jack Skellington era su nombre,

estaba cansado y aburrido en la tierra de Halloween,

donde todo era siempre lo mismo,

“Estoy harto de asustar, del terror y del miedo,

estoy harto de ser algo que haga ruidos en la noche,

estoy aburrido de acechar con mi horrible mirada 

y mis pies duelen de bailar esos bailes de esqueleto,

no me gustan ya las tumbas y necesito algo nuevo,

debe haber algo más en la vida que asustar y gritar “Boo!”

Entonces desde una tumba, con giros y piruetas,

llegó una neblina sollozante y en pena.

Era un pequeño fantasma de perro con un pequeño y vago ladrido

y una nariz que alumbraba en la oscuridad.

Era el perro de Jack, Zero, el que fue su mejor amigo,

pero Jack no se dio cuenta, lo que puso triste a Zero.

Toda la noche y hasta el día siguiente,

Jack deambuló y caminó

con semblante deprimente

Entonces, en lo profundo del bosque, justo antes de anochecer,

Jack tuvo una vista excelente, no lo podía creer:

A no más de unos 6 metros de donde estaba parado

había tres grandes portones en la madera tallados,

ante ellas se paró completamente asombrado,

su mirada se posó en una puerta en especial.

Embelesado y agitado, con un poco de preocupación

Jack abrió la puerta hacia un blanco y fuerte ventisco,

Jack no lo sabía, ¡pero ahora se encontraba

en un lugar llamado Ciudad de la Navidad!

Inmerso en la luz, Jack ya no tenía miedo

y al fin había encontrado la emoción que buscaba,

y para que sus amigos no pensaran que mentía 

tomó las medias con regalos que en la chimenea colgaban,

tomó dulces y juguetes apilados en los estantes

y una foto de Santa con todos sus ayudantes.

Tomó luces, ornamentos y la estrella del árbol,

y del letrero de la Ciudad de la Navidad, tomó la gran letra N.

Recogió todo lo que centellara y brillara,

hasta tomó un puñado de nieve,

recogió todo y sin que nadie lo viera

se llevó todo de vuelta a la tierra de Halloween.

De vuelta en Halloween, un grupo de sus colegas

miraba con asombro los recuerdos de Navidad.

No se hallaban preparados para unas visiones tales,

La mayoría estaba excitada, !y unos pocos asustados!

Durante los días siguientes, con relámpagos y truenos,

Jack se sentó solo y divagaba con obsesión,

“¿Por qué ellos difunden la risa y la alegría

mientras nosotros acechamos los cementerios, esparciendo el pánico y el miedo?

Bueno, ¡yo puedo ser Santa, y puedo dar alegría!

¿Cómo lo hace año tras año y todo en un solo día?” 

Indignado por la injusticia, Jack pensó, pensó y pensó,

entonces tuvo una idea: “Sí… sí… ¡¿y por qué no?!”

En la ciudad de la navidad, Santa preparaba algunos juguetes

cuando desde la entrada se oyó un leve ruido,

él respondió a la puerta y para su sorpresa

estaban unas pequeñas criaturas en disfraces,

eran todos feos y algo pequeños

y abrieron sus bolsas gritando “dulce o travesura!”

Después un confuso Santa fue metido dentro de un saco

y llegó a la tierra de Halloween para encontrarse con Jack.

En Halloween todos se reunieron de nuevo,

ya que nunca habían visto a Santa,

y mientras inspeccionaban al viejo de pinta extraña 

Jack le contaba su plan maestro

“Mi querido Sr. Claus, ¡pienso que es un crimen

que tú hayas sido Santa todo este tiempo!

Pero ahora yo daré los regalos y esparciré alegría,

¡vamos a cambiar de lugares, yo seré Santa este año!

¡Seré yo quien te diga «Feliz navidad» a ti,

y mientras estés en mi ataúd, rechina las puertas y grita “BOO!”

Y por favor, Sr. Claus, no piense usted mal de mí,

que yo seré el mejor Santa que posiblemente pueda”.  

Y aunque las intenciones de Jack y sus amigos eran hacer un buen trabajo,

su idea de la navidad era aún algo macabra,

ya estaba todo listo en la víspera de navidad

cuando Jack dirigía sus renos al elegante ataúd-trineo.

Pero en la víspera de navidad, a punto de comenzar,

Una niebla de Halloween los envolvió.

Jack dijo, “No podemos irnos, esta niebla es muy espesa,

así no habrá navidad y no podré ser san Nicolás”.

Entonces una luz brillante apareció entre la niebla.

¿Que podría ser? ¡Era Zero, el perro de Jack!

Jack dijo, “Zero, con tu nariz tan brillante

¿podrías mi trineo guiar?”

Y ser de tanta ayuda era el gran sueño de Zero,

así que con gusto voló a la cabeza del equipo

y el trineo esquelético comenzó su vuelo fantasmal.

Jack carcajeaba, “¡Feliz navidad a todos,

Y feliz noche buena!”

Esa fue la pesadilla antes de navidad y en cada rincón 

nada estuvo tranquilo, ni siquiera un ratón.

¡Las medias colgadas en la chimenea con cuidado

que al abrir en la mañana te hubieran asustado!

Los niños, acurrucados y cómodos en sus camas,

tendrían pesadillas con monstruos y calacas. 

La luna brillaba sobre la nieve recién caída,

sobre la ciudad se arrojaba una pesadilla,

y la risa de santa Claus ahora sonaba a gruñidos

y las campanas tintineantes ahora eran espeluznantes

y frente a los ojos de todos estaba un ataúd-trineo

guiado por renos-esqueleto

y el chofer huesudo, tan feo y enfermo.

Supieron en ese momento, ¡ese no puede ser san Nicolás!

De casa en casa con gran deleite,

Jack felizmente metía los juguetes, los presentes,

de techo a techo él saltó en la penumbra

¡dejando regalos que parecían de ultratumba! 

Sin darse cuenta que el mundo estaba en pánico y miedo,

Jack felizmente esparció lo que para él era alegría.

Visitó la casa de

Susie y Dave,

que recibieron gomitas y dulces

de una sepultura.

Después, en la casa de

la pequeña Jane Neeman

él dejó una muñequita

poseída por Satán.

Un tren monstruoso con tentáculos por rieles.

Una muñeca fantasma empuñando un gran hacha.

Una planta come-hombres

disfrazada de corona.

Un osito de peluche chupasangre

con los dientes afilados.

Hubo gritos de terror, pero Jack no los oía,

estaba demasiado absorto en la navidad que traía.

Jack finalmente miró abajo y con horror

pudo ver las luces, los ruidos, la conmoción.

“Están celebrando, se ve eso muy divertido,

me estarán agradeciendo el trabajo acometido”.

Pero aquello que creyó eran fuegos artificiales enviados con alegría

eran balas y misiles para terminar su vida.

Entonces, en medio del fuego de la artillería,

Jack urgía a su perro Zero, quien subía y subía,

y volaron lejos como los pétalos del cardo

hasta que fueron alcanzados por un misil hacia ellos guiado

y tan pronto cayeron en el cementerio, ya fuera de vista,

se escuchaba, “feliz navidad a todos, y feliz noche buena”.

Jack se encaramó a una larga cruz de piedra

y desde ahí repaso su increíble pérdida.

“Yo creí que podría ser Santa, yo sí que lo creía…”

Jack estaba confundido, esto sí que lo aflijía,

Fijo su vista en el cielo, sin saber dónde mirar,

se abalanzó sobre la tumba donde comenzó a llorar

Y estando Zero y Jack desplomados en la tumba 

de pronto escucharon un sonido familiar.

“Mi querido Jack”, dijo Santa, “Yo aplaudo tu noble intento,

sé que no era tu intención provocar ese tormento,

así que ahora estas triste y sintiéndote deprimido

pero tomarte la navidad no fue lo correcto.

Espero que aprendas que tu lugar es el Halloween;

hay mucho más, Jack, que me gustaría contarte

pero ahora debo apurarme, pues ya es casi navidad”.

Él saltó a su trineo, y con un guiño

dijo “Feliz Navidad!”, y se despidió.

Jack estaba triste y de vuelta en casa, pero luego, ¡no parecía verdad!

¡Santa había traído hasta Halloween la alegre fiesta de navidad!

Fin


Andreea


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